Hay muchas formas de manifestar el amor, pero ninguna de ellas tienen que ver con la violencia, la humillación, el acoso, la instigación, los insultos, los golpes, las violaciones, el control.
Cuando empezamos a justificar el daño, es evidente que NO estamos bien, que nuestra auto-valoración está en cero y que necesitamos ayuda para volver a conectarnos con aquello que nos devuelva el mérito y la auto-estima.
Por lo general, cuando permitimos la violencia, es porque ese esquema ya está incorporado en nuestra memoria celular, nos evocan episodios ya vividos en la infancia que permearon de tal forma en nuestro corazón que nos hace pensar que es hasta normal.
En otros casos, aún cuando no hubo violencia ni maltratos en la infancia ni en el entorno más cercano, caemos en crísis y pérdida de la fé en lo que tenemos para ofrecer al mundo desde la certeza de las propias fortalezas y habilidades. Nos sentimos perdidas y estancadas en un círculo vicioso que termina siempre en la misma promesa: "Te amo, yo voy a cambiar".
Desde un grito, el control telefónico, hasta el hecho de obligarte a tener relaciones cuando tú no quieres o estás indispuesta, son expresiones de VIOLENCIA.
Afortunadamente hay muchas asociaciones y leyes que te protegen en esa condición de vulnerabilidad y maltrato, pero el primer paso debes darlo tú, entendiendo que no hay forma posible de que el amor justifique que te lastimen. Porque quién te ama, te celebra, te respeta, te escucha, te cuida, te consiente, te hace reír, te sorprende con detalles, te admira y te lo demuestra, te motiva a crecer sin adueñarse como si fueses un objeto!
No permitas que te marchiten y te conviertan en títere de deseos y carencias ajenas!
Cuando empezamos a justificar el daño, es evidente que NO estamos bien, que nuestra auto-valoración está en cero y que necesitamos ayuda para volver a conectarnos con aquello que nos devuelva el mérito y la auto-estima.
Por lo general, cuando permitimos la violencia, es porque ese esquema ya está incorporado en nuestra memoria celular, nos evocan episodios ya vividos en la infancia que permearon de tal forma en nuestro corazón que nos hace pensar que es hasta normal.
En otros casos, aún cuando no hubo violencia ni maltratos en la infancia ni en el entorno más cercano, caemos en crísis y pérdida de la fé en lo que tenemos para ofrecer al mundo desde la certeza de las propias fortalezas y habilidades. Nos sentimos perdidas y estancadas en un círculo vicioso que termina siempre en la misma promesa: "Te amo, yo voy a cambiar".
Desde un grito, el control telefónico, hasta el hecho de obligarte a tener relaciones cuando tú no quieres o estás indispuesta, son expresiones de VIOLENCIA.
Afortunadamente hay muchas asociaciones y leyes que te protegen en esa condición de vulnerabilidad y maltrato, pero el primer paso debes darlo tú, entendiendo que no hay forma posible de que el amor justifique que te lastimen. Porque quién te ama, te celebra, te respeta, te escucha, te cuida, te consiente, te hace reír, te sorprende con detalles, te admira y te lo demuestra, te motiva a crecer sin adueñarse como si fueses un objeto!
No permitas que te marchiten y te conviertan en títere de deseos y carencias ajenas!

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