Las casas también toman siestas,
se callan y duermen luego de tanto ir y venir
de sus gentes, de bocas gritonas y pisadas ruidosas,
de susurros, rezos y rosarios...
Las casas también se desnudan del stress y la rutina,
se lavan los ruidos y las manchas culposas.
Y las paredes que ya no aguantan tanto secretos,
hacen catarsis en el silencio, lloran, culpan y liberan
para estar listas en la mañana.
Las casas: inventario de olores, sonidos e historias.
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