Vivimos en una constante sosobra. Y como loritos programados repetimos a cada rato: No saques el teléfono! Cuidado al salir! Atracaron a la vecina! Aumentó el dólar! No hay leche/papel/jabón/desodorante/café/compotas/pañales/pollo/carne/atún/larga lista de etc.
Nos quejamos en cada lugar en el que tenemos la oportunidad, conozcamos o no a las personas que estén alrededor. Nos angustia el presente y el futuro. Hacemos planes para emigrar. Insultamos. Nos estresamos y hasta deseamos cosas nada constructivas a los que creemos que son los culpables de todo lo que estamos viviendo. Protestamos. Asistimos a Marchas. Hacemos catarsis con amigos, familia y vecinos compartiendo las preocupaciones cotidianas, pero...Y los niños? ¿quién está pensando en ellos? ¿quién les ha preguntado cómo se sienten? ¿cómo entienden las largas colas bajo el sol para comprar pañales o compotas? ¿cómo drenan la ansiedad y el stress que les transmiten los adultos con toda esta loca y convulsionada situación? ¿Qué opinan de lo que ven y escuchan? ¿Están ellos presentes cuando insultamos y perdemos la objetividad?
Pues bien, es necesario para la salud emocional de nuestros peques, protegerlos de la violencia (física y verbal) que se genera en situaciones de incertidumbre, descontento y supervivencia (así he podido describir los momentos en los que he presenciado peleas y discusiones en los supermercados y otros espacios comunes).
No los hagas partícipes de tus frustaciones y preocupaciones (aunque estén bien justificadas) porque no saben manejarlas y pierden la inocencia propia de esa etapa tan determinante en la vida del ser humano como lo es la niñez. Aunque no lo crean, también sufren de ansiedad y se alteran cuando se sienten inseguros y presionados. Emociones que se incrementan si no conversamos con ellos.
Explícales de forma serena y en un lugar relajado, lo que está ocurriendo, pero de acuerdo a su edad y al contexto. Porque necesitan sentirse incluidos, sin ser utilizados como medio para drenar o descargar tu ira, miedos o incertidumbre.
Somos sus proveedores de seguridad, protección y afecto, por tanto los garantes de su equilibrio emocional, cosa que les permite crecer felices, seguros e independientes, sin miedos heredados.
Es una tarea compleja, porque las situaciones cotidianas nos arropan, pero debemos hacer el esfuerzo de mantener la palabra impecable, la dignidad intacta y las buenas maneras a tono, porque lo están grabando todo y así lo están incorporando a sus esquemas de vida.
Ellos no tienen la culpa de los errores que hemos cometido como ciudadanos, pero serán los primeros en repertirlos si no le ponemos lupa a su crianza en estos tiempos de revuelo y conmoción.
Comparte tiempo de calidad, evita utilizar descalificativos hacia otros, enséñale a compartir, a demostrar respeto, empatía y gentileza con TU EJEMPLO!
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