“Los celos son mitad falta de sesos y mitad inseguridad”
dice una canción. Si bien es cierto que tiene relatividad con el tema
de la inseguridad personal, no menos verdad es, que estamos perdidos en cuanto
a la razón real que los produce y cuáles son los límites del juego para no
convertirnos en celópatas psicóticos ni en desinteresados indolentes.
En algunos casos, tiene que ver con la valoración propia, la
querencia individual el sentido de mi vida y mis elecciones. En otros, con la necesidad de poder y control,
el egoísmo como catalizador de mis acciones. En muchos, con la herencia familiar
y social que establece los formatos y el perfil de lo que esperan que hagamos y
cómo debemos amar si eres hombre o mujer.
Lo cierto es que cuando los celos se desbordan fuera de los
límites de la racionalidad y el sentido común, empezamos a fraguar el camino
hacia la desconfianza y paranoia absoluta y en consecuencia, hacia la pérdida
contundente de nuestra paz interior.
"Ni tan calvo ni con dos pelucas" Cuando amamos celamos, porque nos importa el otro, porque nos sentimos íntimamente ligados y vulnerables, y porque desarrollamos sentido de pertenencia, cosa que es totalmente saludable. Sin embargo, cuando nos volvemos obsesivos, alterando la armonía, la integridad e invadiendo los espacios personales del otro nos diluimos en un juego peligroso y sofocante!

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