Cuando tenemos hijos o alumnos con necesidades especiales, aprendemos que los detalles pequeños son los más valiosos. El tiempo y los resultados no son tan importantes como el proceso, sin embargo, cuando logran aquellas tareas que en otros niños son desapercibidas, pues conocemos otro nivel de realización personal y de celebración!
Un chico con Autismo, Síndrome de down, Déficit de atención y/o hiperactividad, o cualquier otra condición especial en el desarrollo, requiere métodos y estrategias que le ayuden a establecer y finalizar sus rutinas, desde cepillarse los dientes, vestirse solo, establecer contacto visual sostenido, sentarse a la hora de comer, escribir su nombre, permanecer cómodo en lugares públicos, hasta aprender a comunicar sus emociones y necesidades.
Resulta un camino difícil, porque en ocasiones nos frustramos y no todos entienden nuestro viaje, llegamos a sentir miedo (porque aún hay rechazo y desconocimiento) y hasta vergüenza, pues son comparados con otros chicos cercanos, como primos, hermanitos o amigos que no presentan dificultades de aprendizaje. Pero, una vez que entendemos que no se trata de nosotros y que somos instrumentos para darle vida a una hermosa y noble misión de acompañamiento y guiatura, que tienen un tiempo y una forma particular de hacer y ser, nos volcamos de lleno a trabajar en sus debilidades para convertirlas en fortalezas y hacer que sean independientes, felices y libres.
Cuando tu hijo o alumno es especial, sabes que más importante que ser el primero de la clase, es que aprenda a ganar confianza y autonomía en sí mismo y en sus procesos, pues eso le dará alas para soñar y voluntad para cumplir sus sueños, por eso cada tarea pequeñita se convierte en la misión más importante de vida!
Celébralos y dales la oportunidad de que también ellos lo hagan, así se vuelven seguros y avanzarán para cumplir otra meta pequeña, que se vuelve un logro gigante!
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