Me gusta el Arroz con leche, cremoso con canela y ralladura de limón al final. Lo he hecho en numerosas ocasiones desde que me mudé y se ha convertido en un postre querido, pero la última vez que lo preparé me quedó fatal (estoy exagerando un poco).Lo de cremoso no pintó por ningún lado y hasta dulce le faltó, en fin nada que ver con los anteriores.
Salieron como 12 vasitos pequeños y obviamente no los iba a tirar a la basura, por el simple hecho de que no quedaron como siempre. Así que los guardé en la parte de arriba de nuestra neverita. Cuando mi esposo lo probó, sólo dijo que le había faltado más dulce (ya yo me había adelantado para decirle que habían quedado terribles), entonces le agregó miel y se lo comió.
Pero yo seguía inconforme y frustrada, pensando en lo cremoso que habían quedado los anteriores y rechazando mentalmente cada bocadito del actual.
La 3ra vez que fui a tomar uno, de mal humor pero casi obligada, por la voz en mi cabeza diciendo: "tantos que no tienen que comer y tú botando la comida" (que por cierto, se parece a la voz de mi abuela) se había congelado; sí es una locura, la nevera enfría mucho. Así que recordé la famosa "Heladería de los 1000 sabores" en Mérida (ciudad de la Cordillera de Los Andés en Venezuela) donde fabrican helados artesanales con sabores extravagantes como: caraotas, cerveza, doritos, spaguetti, pollo...y cientos más! Y dije: pues esto es un helado de arroz.
Obviamente no se convirtió en mi helado favorito (sigue siendo el de chocolate) y sé cuáles pasos no repetir, para que la próxima vez quede un arroz con leche cremosito como me gusta.
Pero desde ese momento, hubo lecciones que rescatar:
1. El estado de ánimo siempre interviene en la cocina.
2. Podemos darle la vuelta a toda situación, buscándole el lado positivo.
3. Aprender del error para corregirlo en la próxima.
4. No quedarse enganchado en la insatisfacción y la rabia.
5. Aterrizar en el presente, disfrutando su particularidad en lugar de vivir frustrado recordando lo que fué en el pasado, valga la redundancia.
6. Soltar la necesidad de ser perfectos y aceptar nuestra errática y maravillosa humanidad.
Ya sólo quedan 3 de los 12 vasitos y antes de que se acabaran tenía que escribir lo que me enseñó este Arroz con leche!
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