Tenía miedo de una boda aburrida, seca y sin sazón, ataviada de rituales repetidos y de que el novio tan arraigado a su libertad (como yo) saliera co rriendo sin dejar rastro!
Lo cierto es que nada de lo que temía sucedió, al contrario, fueron horas de entrega total al placer de celebrar como Dios manda y con nuestros íntimos afectos la decisión de convertirnos en ESPOSOS! Por ser un momento tan especial he querido recrearlo y compartir esta entrada con la prosa desnuda y lúcida del caballero con el que hora comparto camino: Israel <3
Ensalada de sentimientos y buqué, piel sensible a las
emociones y palabras, miradas pícaras ven desde ojos gastados figuras a
contraluz reflejando ilusión añeja. Caminar de gancho, recibir llamadas
inoportunas, perdonar con lágrimas, todo un collage de anécdotas arremolinadas
en la memoria fresca de un querer consumado. La luz del Ávila que se desliza
por la ventana recuerda las luces tornasoladas de aquella tarde coleccionada en
un álbum por armar, sonrisas y resacas (emocionales y físicas), son el aderezo
de un festejo particular como autentico.
Una misión más, un recuerdo más, otro logro de un guerrero
gastado pero con vida en los huesos, pecho inflado, marcha firme y humor
juvenil. Todos los ingredientes de un héroe sin capa, de regreso a casa con el
atardecer en la espalda y un bolsillo lleno de carcajadas robadas a su niña.
Dispuesta y con suficiente antelación para ayudar a
organizar. Dejando el corazón y el bolsillo, regalando ilusión a su beba
convertida en señora. Lagrimas desparramadas en un vestido blanco comprado a
puro ojo, una felicidad jipiada entre abrazos y consejos. Lo único que a uno le
queda son los recuerdos.
Amplia sonrisa enmarcada entre sendos cachetes acotada por
un corbatín, elección inusual para un día de protocolos, flanqueado por la
elegancia de una señora ataviada con las mejores joyas de “falcon cress”. ansiedad
inusitada le hiela ambas manos. Un corazón volcado al ver a su musa en el
umbral del templo. Ave María de fondo en decibeles gorgoreados, manos vendadas
con fuerza, monedas mezcladas con ganchos y un beso duradero.
Bailes de gente ya alegre, tragos y poses de risa, toreros
que también son osos, dos cómplices regalando bailes añorados, comentarios
inapropiados pero sobre todo la reconfortante sensación de celebrar en familia.
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