Las emociones: TODAS! necesitan espacio, respirar y ser aceptadas para que fluctúen en su justa (y equilibrada) medida.
Últimamente se ha estigmatizado la tristeza, la rabia, los celos entre otras emociones que están en el bando de las "negativas" pero quién dijo que no podemos sentirlas, si es precisamente reconociéndolas y encarnándolas que podemos entenderlas y darles el permiso y el lugar para que cohabiten junto a las otras con mesura y consonancia.
Los picos emocionales nos desgastan, como por ejemplo, aparentar que somos felices todo el tiempo. Está bien reconocer lo que estamos sintiendo, para luego dejarlo ir, pues las decisiones más asertivas no siempre se toman en la calentura de las emociones, sino justo cuando se han asentado, decantando las partículas toxicas que pueden influir (no de buena manera) alterando la ecuanimidad.
Ajustemos el termostato interno, y para ello necesitamos sentir (sin negar o vetar), identificar y procesar lo que estamos sintiendo sin tabús ni juicios.
Démosle el justo valor a cada emoción, porque al retenerlas o invalidarlas estamos saturando espacios que necesitamos libres para crear serenidad y para sentirnos a gusto con nosotros mismos, lo que sin duda, también se proyectará en los demás.
A propósito del juego emocional y de lo importante que es darle cabida a todos los matices para pintar con equilibrio el lienzo del día a día, recomiendo ver la nueva película de Disney Pixar: Intensamente! Donde desde un enfoque creativo y muy bien pensado abordan el génesis de las emociones y su vital coexistencia en nuestro "cuartel general".

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