No basta que te guste, tampoco que te haga reír o que ambos se repartan las tareas domésticas! Cuando las conversaciones giran en torno a la sexualidad, a la religión y al dinero, hay mucho que aprender para establecer acuerdos que realmente beneficien a ambos, sin herir, obligar o manipular al otro y que en lugar de corroer la relación, sea terreno fértil para el crecimiento individual y la construcción del amor saludable.
Con frecuencia, callamos nuestra opinión o lo que sentimos respecto a estos tres temas cuando generan incomodidad, porque suelen estar ligados a las creencias y herencias más arraigadas que guardamos.
Y cuando decidimos expresarnos solemos empezar con frases como: "Tenemos que hablar", augurando una conversa nada agradable, haciendo que el otro se ponga a la defensiva sin siquiera haber empezado a desarrollar la idea.
Lo cierto es, que mientras más callamos nuestra insatisfacción, desacuerdo o preocupación, menos desaparece. Enraizándose en la frialdad de una respuesta, en la agresividad de una acción automática o en el juego de mentiras para ocultar lo que sé que no le gustará al otro. Quebrando la confianza y los lazos de intimidad que se van fraguando en la convivencia.
Estos temas, tocan fibras muy sensibles en nosotros. Tienen que ver con lo que creemos que somos, con lo que nos dijeron que éramos, con nuestro status, con nuestros temores y tabús, con la identidad del clan (familia), con el rol que juego en la sociedad y con los diálogos internos que se repiten en mi cabeza una y otra vez para mantener mis posturas.
Posibles Escenarios:
1. Nos queremos y aunque en casi todo estamos de acuerdo, él es ateo y yo soy católica. Por lo que siempre discutimos pues yo quiero bautizar a mi hija y él no.
2. Desde los inicios de la relación poca importancia le di al hecho de que ella no le gusta tener intimidad con frecuencia y cuando la tenemos es tan fría que no sé cómo hacerla sentir bien. Empiezo a dudar si realmente le gusto o le sucede algo más, pero no me atrevo a preguntarle porque es muy cerrada respecto a ése tema.
3. En mi casa me enseñaron a planificar cada moneda que entra al presupuesto familiar, y mis papas tenían una sola cuenta en común. Ambos sabían el movimiento bancario y eran muy puntuales con pagos y distribución del dinero, hábito que yo heredé. Sin embargo, a él le cuesta retener y administrar el dinero. Cada vez que le llega (dinero) gasta desproporcionadamente sin hacer caso a lo que habíamos planificado. Además, le gusta tener cuentas apartes y no me permite saber el movimiento de las suyas. Así que nunca sé cuánto tiene. Eso me molesta, porque siento que no es honesto ni consciente.
Posibles soluciones:
1. Hablar:
Aunque no parezca tan sencillo al principio y nos suden las manos, nos de verguenza o tengamos tanta rabia que podemos explotar con palabras. Es necesario verbalizar y poner en contexto lo que estamos sintiendo. Porque de lo contrario, estamos creando una bomba de tiempo que en cualquier momento estallará. Intenta expresarte con claridad, sin juzgar, ni acusar de buenas a primeras. Habla de lo que te hace sentir lo que está pasando y por qué te afecta. Busca la forma de dirigir la conversación hacia soluciones asertivas y no hacia el arrinconamiento o acusación.
Si ves que luego de intentar una y otra vez no llegan a ningún acuerdo, busquen ayuda de alguien que tenga una visión imparcial.
2. La tercera alternativa:
Tal vez ya sea hora de cortar el cordón umbilical con tus papas y sus formas. A menos que en consenso ambos (tú y tu pareja) aprueben que eso que te enseñaron puede funcionar con ustedes. Busquen su propia identidad como pareja, armen sus propias reglas de juego en base a lo que viven, a lo que ganan, a sus sueños, a sus valores, a sus necesidades...Tal vez la solución no esté ni en la primera ni en la segunda, sino en la tercera alternativa. Abran su mente y su corazón. Olviden el deseo de ganar la discusión o imponer su voluntad, sumen valor a la relación, fortaleciendo la intimidad (que no se da sólo en la cama) en el acuerdo mutuo, después de aceptar las diferencias.
3. Ábrete y Conócete:
Solemos reaccionar ante situaciones que nos duelen, pero no siempre somos conscientes de por qué nos causan aflicción. Por lo general, esas respuestas automáticas o esas corazas se forman para protegernos de heridas que nos causaron en el pasado otras parejas, conectadas a su vez con nuestro niño interior que en algún momento se sintió abandonado, rechazado, maltratado o con sensación de un trato injusto. Por eso, es vital que te conozcas y tengas la valentía de hacer contacto con tu vulnerabilidad pero no para victimizarte sino para encontrar la raíz de la emoción y sanar. Puede que no tengas ganas de tener intimidad con tu pareja, porque lo que te enseñaron respecto a ella, es que es sucia y pecaminosa. Y NO ES ASÍ! Pero si te cierras y no sabes de donde salen tus pensamientos y acciones respecto a estos temas, no podrás avanzar y superarlo.
No nos dieron ningún manual para después del "felices para siempre" al contrario, nos ocultaron algunas cosas y disfrazaron muchas otras. Y no por crueldad, sino porque quienes nos rodean también están enfrentando sus propios retos como pareja. Por eso, la invitación es a soltar las máscaras, indagar de dónde vienen nuestras creencias y cómo puedo conectar de manera inteligente con ellas, para sustituirlas por otras que nos ayuden a crecer en pareja, desde el sano y liberador ejercicio del encuentro y conocimiento individual.
Con frecuencia, callamos nuestra opinión o lo que sentimos respecto a estos tres temas cuando generan incomodidad, porque suelen estar ligados a las creencias y herencias más arraigadas que guardamos.
Y cuando decidimos expresarnos solemos empezar con frases como: "Tenemos que hablar", augurando una conversa nada agradable, haciendo que el otro se ponga a la defensiva sin siquiera haber empezado a desarrollar la idea.
Lo cierto es, que mientras más callamos nuestra insatisfacción, desacuerdo o preocupación, menos desaparece. Enraizándose en la frialdad de una respuesta, en la agresividad de una acción automática o en el juego de mentiras para ocultar lo que sé que no le gustará al otro. Quebrando la confianza y los lazos de intimidad que se van fraguando en la convivencia.
Estos temas, tocan fibras muy sensibles en nosotros. Tienen que ver con lo que creemos que somos, con lo que nos dijeron que éramos, con nuestro status, con nuestros temores y tabús, con la identidad del clan (familia), con el rol que juego en la sociedad y con los diálogos internos que se repiten en mi cabeza una y otra vez para mantener mis posturas.
Posibles Escenarios:
1. Nos queremos y aunque en casi todo estamos de acuerdo, él es ateo y yo soy católica. Por lo que siempre discutimos pues yo quiero bautizar a mi hija y él no.
2. Desde los inicios de la relación poca importancia le di al hecho de que ella no le gusta tener intimidad con frecuencia y cuando la tenemos es tan fría que no sé cómo hacerla sentir bien. Empiezo a dudar si realmente le gusto o le sucede algo más, pero no me atrevo a preguntarle porque es muy cerrada respecto a ése tema.
3. En mi casa me enseñaron a planificar cada moneda que entra al presupuesto familiar, y mis papas tenían una sola cuenta en común. Ambos sabían el movimiento bancario y eran muy puntuales con pagos y distribución del dinero, hábito que yo heredé. Sin embargo, a él le cuesta retener y administrar el dinero. Cada vez que le llega (dinero) gasta desproporcionadamente sin hacer caso a lo que habíamos planificado. Además, le gusta tener cuentas apartes y no me permite saber el movimiento de las suyas. Así que nunca sé cuánto tiene. Eso me molesta, porque siento que no es honesto ni consciente.
Posibles soluciones:
1. Hablar:
Aunque no parezca tan sencillo al principio y nos suden las manos, nos de verguenza o tengamos tanta rabia que podemos explotar con palabras. Es necesario verbalizar y poner en contexto lo que estamos sintiendo. Porque de lo contrario, estamos creando una bomba de tiempo que en cualquier momento estallará. Intenta expresarte con claridad, sin juzgar, ni acusar de buenas a primeras. Habla de lo que te hace sentir lo que está pasando y por qué te afecta. Busca la forma de dirigir la conversación hacia soluciones asertivas y no hacia el arrinconamiento o acusación.
Si ves que luego de intentar una y otra vez no llegan a ningún acuerdo, busquen ayuda de alguien que tenga una visión imparcial.
2. La tercera alternativa:
Tal vez ya sea hora de cortar el cordón umbilical con tus papas y sus formas. A menos que en consenso ambos (tú y tu pareja) aprueben que eso que te enseñaron puede funcionar con ustedes. Busquen su propia identidad como pareja, armen sus propias reglas de juego en base a lo que viven, a lo que ganan, a sus sueños, a sus valores, a sus necesidades...Tal vez la solución no esté ni en la primera ni en la segunda, sino en la tercera alternativa. Abran su mente y su corazón. Olviden el deseo de ganar la discusión o imponer su voluntad, sumen valor a la relación, fortaleciendo la intimidad (que no se da sólo en la cama) en el acuerdo mutuo, después de aceptar las diferencias.
3. Ábrete y Conócete:
Solemos reaccionar ante situaciones que nos duelen, pero no siempre somos conscientes de por qué nos causan aflicción. Por lo general, esas respuestas automáticas o esas corazas se forman para protegernos de heridas que nos causaron en el pasado otras parejas, conectadas a su vez con nuestro niño interior que en algún momento se sintió abandonado, rechazado, maltratado o con sensación de un trato injusto. Por eso, es vital que te conozcas y tengas la valentía de hacer contacto con tu vulnerabilidad pero no para victimizarte sino para encontrar la raíz de la emoción y sanar. Puede que no tengas ganas de tener intimidad con tu pareja, porque lo que te enseñaron respecto a ella, es que es sucia y pecaminosa. Y NO ES ASÍ! Pero si te cierras y no sabes de donde salen tus pensamientos y acciones respecto a estos temas, no podrás avanzar y superarlo.
No nos dieron ningún manual para después del "felices para siempre" al contrario, nos ocultaron algunas cosas y disfrazaron muchas otras. Y no por crueldad, sino porque quienes nos rodean también están enfrentando sus propios retos como pareja. Por eso, la invitación es a soltar las máscaras, indagar de dónde vienen nuestras creencias y cómo puedo conectar de manera inteligente con ellas, para sustituirlas por otras que nos ayuden a crecer en pareja, desde el sano y liberador ejercicio del encuentro y conocimiento individual.
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